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Pero
hemos de aclarar aquí que a veces ocurre que la nidada
está compuesta de muchos polluelos (ocho o nueve) y
cuando los mayores abandonan el nido los pequeños,
que aun no están preparados, se quedan dentro actuando
involuntariamente como reclamo para que sus hermanos vuelvan.
En
el caso de hembras especialmente prolíficas, que antes
de que los polluelos de una nidada abandonen el nido al 100%
ya inician una segunda puesta, viene a suceder lo mismo.
Esto
es debido sencillamente a que los periquitos son animales
extremadamente sociables y con un gran sentido de la imitación.
Por lo tanto, y especialmente en edades tan tempranas, hacen
aquello que ven.
Como
solución al problema, debemos controlar el momento
del abandono definitivo del nido por parte de los polluelos
ya preparados. Y si se muestran especialmente remolones, optaremos
por separarlos de sus padres mediante una reja que permita
que éstos sigan alimentándonos. Para estos casos
resultan útiles la jaulas de cría dobles.
No
es hasta los 50 días de vida, que los pequeños
periquitos están preparados para comer por sí
solos. En algunos casos, el momento de la independencia de
sus progenitores llega a los 55-60 días de edad.
Ésta
es posiblemente la etapa más delicada de la vida de
un periquito. Por ello debemos ser cautelosos antes
de separar a los hijos de sus padres. Y seguir unos consejos
para independizar
a los jóvenes periquitos.
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