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Este
comportamiento de imitación se extiende también al ser humano.
Los periquitos identifican nuestra boca como un "pico humano"
así que cuando nos ven comer les entra hambre a ellos también.
Y si bostezamos y dejamos caer con carita de sueño nuestros
párpados, rápidamente cierran ellos sus ojitos.
Como
vemos, no son pájaros de vida solitaria. Siempre están
interaccionando
entre ellos. Por eso resulta cruel tener un periquito solo
y sin atenciones ¡no es suficiente con darles agua y
comida! Si no podemos o no queremos tener dos, una buena dosis
de nuestra compañía y un espejito en la jaula pueden sustituir
a un compañero de especie. Pero NUNCA debemos tener un periquito
abandonado a su propia compañía.
Lo
ideal es tenerlos de dos en dos. Si un macho enviuda y le
ponemos una nueva pareja, tanto si es otro macho como si es
una nueva hembra, recuperará la alegría rápidamente.
En el caso de una hembra el tema es más complicado,
pues sólo admitirá la compañía
de un nuevo macho aunque no es seguro que se empareje y críe
con él.
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